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Cómo calcular el ROI de un proyecto de IA sin engañarte

Soy Iván, de BROMDEL. Te cuento cómo miro yo de verdad si un proyecto de IA compensa: qué entra como ahorro, qué es humo, y cómo presentarlo a dirección sin inflar un Excel que luego no cuadra.

"Esto nos va a ahorrar un montón de tiempo." Esa frase la oigo en casi todas las primeras llamadas. Y oye, suele ser verdad. Pero no es un argumento, es una sensación. La persona que firma el cheque (el dueño, el de finanzas, quien sea) no decide con sensaciones: quiere saber si lo que pone hoy lo recupera, y más o menos cuándo. Aquí te cuento cómo lo miro yo después de hacer esto unas cuantas veces, qué cuenta de verdad como ahorro, qué es humo, y cómo presentarlo para que en dirección digan que sí sin que luego te explote en la cara.

Aviso de entrada: no voy a meterte una calculadora mágica con un ROI del 900% para que te emociones. Esos números bonitos los he visto en muchas propuestas y casi siempre están inflados. Lo importante es que tú entiendas el razonamiento, porque el número final sale de tus datos, no de los míos.

El ROI no es una fórmula bonita, es una pregunta

La fórmula de toda la vida no tiene misterio:

ROI (%) = (lo que ganas o ahorras - lo que cuesta) / lo que cuesta × 100

Hasta ahí, libro de texto. El problema con la IA y la automatización no es la fórmula, es qué metes en cada lado. Y ahí es donde la gente se engaña sola, casi siempre por optimismo, no por mala fe.

A mí me gusta darle la vuelta y convertirlo en una pregunta sencilla: "si esto cuesta X y dura un año, ¿qué tiene que pasar para que valga la pena?". Cuando lo planteas así, casi solo, te das cuenta de si el proyecto se sostiene o si te lo estás creyendo porque te apetece. Y muchas veces, antes de tocar un Excel, ya intuyes la respuesta.

Lo del coste, ojo, no es solo el precio que te pasan en la propuesta. Es la implantación, lo que pagas cada mes (servidor, API, licencias), el tiempo que se va en afinarlo las primeras semanas, y las horas de tu gente metidas en ponerlo en marcha. Si te olvidas de esa parte, el cálculo te sale precioso y mentiroso.

Qué cuenta de verdad como ahorro (y qué no)

Esta es la parte que más cojea en las propuestas que veo. Te separo lo que yo sí me creo de lo que no.

Esto sí lo cuento

Horas que liberas y que de verdad se usan para otra cosa. Es el caso más típico y el más tramposo a la vez. Si Marta se pasa media mañana copiando datos de un sitio a otro y eso se automatiza, genial. Pero solo es ahorro si esa media mañana se convierte en algo útil: atender mejor a los clientes, cerrar pedidos, lo que sea. Si Marta simplemente está menos agobiada pero el trabajo de valor no aumenta, te estás ahorrando estrés, no dinero. Y el estrés también vale, no lo niego, pero no lo metas en la casilla de "euros recuperados".

El siguiente fichaje que no tienes que hacer. Esto sí es ahorro contante. Si vas creciendo y el plan era contratar a otra persona para sostener el papeleo, y resulta que con el sistema bien montado no te hace falta, eso es un sueldo entero que no entra en la nómina. No te pongo cifra porque depende de tu sector y del puesto, pero tú esa cifra la sabes de memoria.

Los errores tontos que dejas de cometer. La factura que sale mal, el pedido que se traspapela, la cita doble que cabrea a un cliente. Cada uno de esos cuesta tiempo de arreglarlo y, a veces, un cliente. Cuando un sistema bien hecho quita esos fallos, ahí hay dinero real, aunque sea más difícil de ver porque está repartido en mil cosas pequeñas.

El cliente que antes se te escapaba. El mensaje que entra a las once de la noche o un domingo, y que el lunes ya se ha ido a la competencia porque nadie contestó. Si un bot recoge eso a tiempo y lo conviertes en una venta o una cita, es ingreso que antes no existía. Cuántos sean y cuánto valgan, eso solo lo sabes tú mirando tu propio histórico.

Esto no me lo creo (aunque lo quieras oír)

Hay una lista de cosas que suenan muy bien en una presentación pero que, si no las puedes medir, no deberían entrar en el cálculo:

  • "Daremos mejor imagen, más profesional." Vale, ¿y eso en qué se nota? Si no se traduce en más clientes, en que se quedan más tiempo o en que pagan más, es una sensación. Una sensación agradable, pero una sensación.
  • "Tendremos muchos más datos." Tener datos no es ahorro. Usarlos para tomar una decisión concreta que te hace ganar o ahorrar, eso sí. Datos guardados en un cajón digital no valen nada.
  • "Nos da ventaja competitiva." Esto es de las frases más vacías que hay. Si no la puedes poner en euros o en clientes, es relleno de folleto.

Mi consejo después de hacer esto muchas veces: monta el cálculo SOLO con lo que puedas medir, y deja todo lo demás como "extras que están bien pero no cuento". Si el proyecto se sostiene solo con lo medible, lo demás viene de regalo. Y si necesitas lo intangible para que cuadre, mala señal.

Comprar un robot o montar una automatización: ¿cómo decido?

Esta pregunta me llega mucho, sobre todo de restaurantes y oficinas. ¿Me sale más a cuenta un robot, una automatización por software, o las dos cosas? No hay una respuesta única, y desconfía de quien te la dé sin mirar tu caso. Pero sí te puedo decir qué factores pesan, que es lo de verdad útil.

Un robot de servicio (un camarero que lleva platos, uno de oficina que reparte o limpia) tiene una ventaja clara: el precio lo sabes desde el primer día. Un BellaBot, un KettyBot, un Lucki, un GreetingBot, un CarryBot... son productos con un precio de mercado, lo pagas y es tuyo. Eso hace el cálculo más sencillo, porque la inversión es un número cerrado y conocido. A partir de ahí solo tienes que ver cuánto te quita de encima en el día a día.

El robot pinta bien cuando el problema es físico y repetitivo: mover cosas de un lado a otro sin parar, en horario de mucho lío, en un sitio donde cuesta encontrar y mantener personal para esa tarea concreta. Si tu cuello de botella es "no doy abasto llevando platos los viernes", un robot tiene mucho sentido. Si tu problema es "se me pierden las reservas y meto la pata con los horarios", un robot no te arregla nada: eso es software.

La automatización de procesos juega en otra liga. Ahí no compras una máquina, montas un sistema que conecta tus programas y hace el trabajo invisible: pasar datos de un sitio a otro, leer facturas y meterlas solas, mandar el recordatorio a tiempo, sincronizar la agenda. La inversión aquí es menos "de catálogo" y más a medida, porque depende de qué tengas montado y de lo enrevesado que esté. Por eso no te voy a soltar un precio aquí: eso lo calculamos con tus datos, viendo qué herramientas usas y dónde se te va el tiempo de verdad.

¿Cómo lo resumo? Si lo que te duele se puede tocar (cargar, llevar, repartir), mira el robot. Si lo que te duele es papeleo, datos que bailan entre programas o respuestas que llegan tarde, mira la automatización o un bot. Y muchas veces lo que mejor funciona es combinar: el robot en sala y, por detrás, la automatización ordenando todo lo demás. Lo importante no es elegir el juguete más caro, es atacar el cuello de botella que de verdad te está frenando.

Cómo presentarlo en dirección sin que te tiren la propuesta

Aunque el negocio sea tuyo, casi siempre hay un momento de "vale, ¿esto me compensa o no?". Estas son las pegas que salen siempre y cómo las respondo yo.

"Estos números están muy optimistas"

Casi siempre tienen razón a medias, así que adelántate. En vez de poner un único número de ensueño, pon el cálculo en plan prudente: cuenta menos horas de las que crees que vas a ahorrar, menos clientes recuperados de los que esperas. Si incluso siendo tacaño con las cifras el proyecto sigue saliendo a cuenta, ya está, no hay debate. Y si solo cuadra poniéndote optimista, mejor que lo descubras tú ahora y no la realidad dentro de medio año.

"¿Y si la IA peta o se lía?"

Pregunta sana, no defensiva. Mi respuesta: en el presupuesto siempre dejo un margen para afinar las primeras semanas, porque ningún sistema sale perfecto el día uno. Y antes de arrancar dejamos claro qué pasa si algo falla: cómo salta a una persona, en cuánto tiempo, y qué no se puede romper bajo ningún concepto. Un proyecto serio tiene plan B desde el principio.

"He oído que mucha gente la ha cagado con la IA"

Y es verdad, lo veo cada semana. Pero casi siempre fracasan por lo mismo: empiezan por el juguete y no por el problema. Compran la herramienta de moda y luego buscan a ver para qué la usan. Eso es ir al revés. Cuando tú partes de un problema concreto que ya tienes medido, y la solución ataca justo eso, juegas en otra liga. Lo otro es comprar humo, y de eso ya hay bastante en el mercado.

"Prefiero esperar a ver cómo evoluciona"

Lo entiendo, pero ojo con esto. Esperar también cuesta. Cada mes que sigues con el problema sin resolver, sigues pagando ese problema: las horas perdidas, los errores, los clientes que se escapan. No es que esperar sea gratis y actuar tenga riesgo. Las dos opciones cuestan; lo que pasa es que el coste de esperar no aparece en ninguna factura, así que no lo ves. Mi recomendación no es "córrele ya", es "no te engañes pensando que quedarte quieto es la opción segura".

Una vez en marcha, mídelo de verdad

Aquí está la otra mitad del asunto y la que casi nadie hace: el ROI no se calcula una vez en una propuesta y se olvida. Se comprueba. Si montas el proyecto y nadie vuelve a mirar si los números se cumplen, no sabes si funcionó o si solo lo cuentas en las reuniones.

No hace falta un panel de la NASA. Con tener a la vista unas pocas cosas vas sobrado:

  • Cuánto trabajo está llevando el sistema solo frente al total. Es el dato que más rápido te dice si está tirando o no.
  • El tiempo de respuesta de antes contra el de ahora. Sencillo y muy revelador.
  • Cada cuánto el sistema tiene que pasarle el marrón a una persona, y por qué. Ahí están las pistas de qué falta por pulir.
  • Si los clientes están contentos con cómo les atiende. Si esto empeora, da igual lo que ahorres.
  • Cuántas ventas, citas o contactos buenos ha traído. Es la cara amable del ROI.

Le echas un ojo una vez al mes, sin obsesionarte. Si algo se está desviando de lo previsto, lo ajustas a tiempo, antes de que el proyecto pierda fuelle. Justo eso es lo que hacemos con los cuadros de mando a medida: que tengas estos números a un golpe de vista en lugar de andar pidiéndolos a mano. Que se vean solos, vaya.

El error que mata todo lo demás

Te lo digo claro porque es el fallo más caro y el que más veo: inflar el ahorro para que la propuesta entre mejor. Es tentador. Pones números gordos, todo el mundo se ilusiona, se aprueba. Y luego, a los seis meses, alguien compara con la realidad, no cuadra ni de lejos, y se pierde la confianza. ¿El resultado? El siguiente proyecto bueno que propongas ya nadie se lo cree, porque "la última vez prometiste la luna". Has quemado el pozo.

Yo prefiero hacerlo al revés: ser prudente con las cifras, prometer poco, y que la realidad supere lo prometido. Genera mucha más confianza llegar y decir "¿te acuerdas de lo que calculamos? Pues ha ido mejor", que tener que explicar por qué el ROI mágico no apareció. Sin humo, que es como trabajo. Si los números no salen, te lo digo y no te lo monto. Prefiero perder un proyecto a venderte algo que sé que no te compensa.

El siguiente paso

Si quieres que veamos juntos si un proyecto concreto te sale a cuenta, lo miramos sin compromiso. No te voy a inventar un número: lo calculamos con TUS datos, mirando dónde se te va el tiempo y qué te está costando dinero de verdad. Te lo cuento sin adornos y decides tú, contrates conmigo o no. Escríbeme y lo vemos: consultoría BROMDEL.

Y si antes quieres ver qué tipo de cosas montamos para pymes como la tuya, échale un ojo a los casos de éxito.

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